El entorno secular ha ejercido presiones filosóficas, políticas, éticas, morales, y sociales sobre la iglesia, afectando sus estructuras, sus funciones, su filosofía de acción, su visión, su propósito y sus prácticas. Estas corrientes culturales de nuestro entorno se han inmiscuido, entretejido y saturado las fibras íntimas de las personas y las instituciones cristianas, reflejadas en sus maneras de pensar, sentir, y actuar.

El mandato divino de no ser conformados a este siglo ha cobrado más vigencia que nunca, dadas las circunstancias prevalecientes en el mundo secular y sus presiones conformistas. Entendiendo los asuntos vigentes de este siglo, se demanda una preparación más elevada y adecuada de los pastores, líderes y misioneros que reclaman ser y funcionar como embajadores del Reino de Dios.